Dos historias con 500 años de diferencia, que se desarrollan de forma paralela en los distintos capítulos que conforman la novela, aportando ingredientes que unen la investigación histórica con la policial: un cuadro oculto, una estudiante sugestionable y crédula, un escéptico profesor que la ayuda en sus pesquisas o un restaurador de cuadros con un don singular en la mirada.
Capítulo a capítulo, y de forma intercalada, la novela nos transporta del Renacimiento al siglo XXI, sin perder el hilo de la narración, con un ritmo ágil, bastante bien enlazadas y con un final bien resuelto. Lo de menos es su análisis lógico. Al fin y al cabo, es una novela. Y en una novela se pueden unir la conjura de los Pazzi y la muerte de Juan Pablo I. Es una acción trepidante, un “thriller” que no te deja ni un momento de respiro.
Lorenzo el Magnífico
En la Florencia de los Médicis podías encontrarte con cualquier cosa. Podías encontrarte con la conspiración de los Pazzi, con un desfile de carnaval presidido por Claretta Orsini, la esposa de Lorenzo, con un sermón de Savonarola, o con el rey Carlos VIII de Francia que entraba en ella como amigo oficial, pero como conquistador real. Podías ir a resolver algún asunto al Palacio de la Señoría y encontrarte con que el funcionario que te atendía era el mismísimo Maquiavelo. Luego, podías ir a la taberna de Botticelli, y probar el menú del día cocinado por Leonardo da Vinci. Podías encontrarte por la calle con Miguel Ángel, pero seguro que no te saludaría; iba siempre hosco, ensimismado en sus pensamientos.
Si hay un lugar en el que la realidad supera la ficción, ese lugar es Florencia. Fijaos si no, en el cuadro del final de esta entrada, pintado por Piero della Francesca. Son los retratos de Federico di Montefeltro, duque de Urbino, uno de los protagonistas de la novela, y de su mujer Battista Sforza. Las caras aparecen absolutamente de perfil, imitando las monedas. Muchos autores hablan de la influencia de las medallas en los retratos del Quattrocento. La explicación es otra. Federico de Montefeltro tenía el lado derecho de la cara destrozado por una lanza en un torneo. No podía posar sino de esa forma. En cuanto a la señora, se la ve muy pálida. Tampoco es de extrañar, porque estaba muerta. Piero della Francesca hizo su retrato basándose en la mascarilla mortuoria.
Interesante ¿verdad? Son estos pequeños detalles los que hacen más jugosas las historias que se esconden detrás de cualquier obra de arte. Cuando a Miguel Ángel le hicieron notar que las caras de las esculturas que había hecho para la tumba de los Médicis no se parecían en nada a las caras de los difuntos, contestó con displicencia: “Dentro de mil años, nadie se dará cuenta”.
Como dice la propia autora: “Es bueno leer novelas policíacas porque es bueno saber que el asesino no soy yo”.
La autora se mantiene fiel a la descripción de lugares, personajes y costumbres de ambas épocas, y es capaz de transmitir, además, sentimientos y emociones que no pasan desapercibidos para el lector.
Son dos historias diferentes y según mi opinión, de distinta calidad literaria, pero para eso está el gusto y criterio del lector.
En esta última entrada, quiero que opinéis sobre las dos historias paralelas, cuál os ha gustado más, cuál os ha parecido más interesante, qué os ha aportado el ritmo en zig-zag de la novela... y todo aquello que vosotros queráis comentar libremente.
TEMA 2: EL RENACIMIENTO La lírica del amor. El petrarquismo. Orígenes: la
poesía trovadoresca y el Dolce Stil Nuovo. La innovación del Cancionero de
Petrarca.
-
Conocemos como *Renacimiento* el período de la historia europea que
comprende, fundamentalmente, el siglo XVI, aunque no se pueden establecer
con exactitu...
Hace 6 años
.jpg)




