BIENVENIDOS AL CLUB DE LECTURA DEL IES J.RODRIGO DE MADRID

Uno es dueño de grandes ideales y de pequeñas lecturas, y las pequeñas lecturas nos definen tanto como nuestros grandes ideales. L. G. Montero



domingo, 9 de mayo de 2010

CAPÍTULO TERCERO

Crecido entre pescadores, nunca sospechó el joven Mario Jiménez que
en el correo de aquel día habría un anzuelo con que atraparía al poeta.
No bien le había entregado el bulto, el poeta había discernido con precisión
meridiana una carta que procedió a rasgar ante sus, propios ojos.
Esta conducta inédita, incompatible con la serenidad y discreción del
vate, alentó en el cartero el inicio de un interrogatorio, y por qué no decirlo,
de una amistad.
-¿Por qué abre esa carta antes que las otras?
-Porque es de Suecia.
-¿Y qué tiene de especial Suecia, aparte de las suecas?
Aunque Pablo Neruda poseía un par de párpados inconmovibles,
parpadeó.
-El Premio Nobel de Literatura, mijo.
-Se lo van a dar.
-Si me lo dan, no lo voy a rechazar.
-¿Y cuánta plata es?
El poeta, que ya había llegado al meollo de la misiva, dijo sin énfasis:
-Ciento cincuenta mil doscientos cincuenta dólares.
Mario pensó la siguiente broma: «Y cincuenta centavos», mas su instinto
reprimió su contumaz impertinencia, y en cambio preguntó de la manera
más pulida:
-¿Y?
-¿Hmm?
-¿Le dan el Premio Nobel?
-Puede ser, pero este año hay candidatos con más chance.
-¿Por qué?
-Porque han escrito grandes obras.
-¿Y las otras cartas?
-Las leeré después -suspiró el vate.
-¡Ah!
Mario, que presentía el fin del diálogo, se dejó consumir por una
ausencia semejante a la de su predilecto y único cliente, pero tan radical,
que obligó al poeta a preguntarle:
-¿Qué te quedaste pensando?
-En lo que dirán las otras cartas. ¿Serán de amor?
El robusto vate tosió.
-¡Hombre, yo estoy casado! ¡Que no te oiga Matilde!
-Perdón, don Pablo.

Neruda arremetió con su bolsillo y extrajo un billete del rubro «más que
regular». El cartero dijo «gracias», no tan acongojado por la suma como
por la inminente despedida. Esa misma tristeza pareció inmovilizarlo
hasta un grado alarmante. El poeta, que se disponía a entrar, no pudo
menos que interesarse por una inercia tan pronunciada.
-¿Qué te pasa?
-¿Don Pablo?
-Te quedas ahí parado como un poste.
Mario torció el cuello y buscó los ojos del poeta desde abajo: -¿Clavado
como una lanza?
-No, quieto como torre de ajedrez.
-¿Más tranquilo que gato de porcelana?
Neruda soltó la manilla del portón, y se acarició la barbilla.
-Mario Jiménez, aparte de Odas elementales tengo libros mucho
mejores. Es indigno que me sometas a todo tipo de comparaciones y
metáforas.
-¿Don Pablo?
-¡Metáforas, hombre!
-¿Qué son esas cosas?
El poeta puso una mano sobre el hombro del muchacho.
-Para aclarártelo más o menos imprecisamente, son modos de decir
una cosa comparándola con otra.
-Deme un ejemplo.
Neruda miró su reloj y suspiró.
-Bueno, cuando tú dices que el cielo está llorando. ¿Qué es lo que
quieres decir?
-¡Qué fácil! Que está lloviendo, pu’.
-Bueno, eso es una metáfora.
-Y ¿por qué, si es una cosa tan fácil, se llama tan complicado? -Porque
los nombres no tienen nada que ver con la simplicidad o complicidad de
las cosas. Según tu teoría, una cosa chica que vuela no debiera tener un
nombre tan largo como mariposa. Piensa que elefante tiene la misma
cantidad de letras que mariposa y es mucho más grande y no vuela -concluyó
Neruda exhausto. Con un resto de ánimo, le indicó a Mario el
rumbo hacia la caleta. Pero el cartero tuvo la prestancia de decir:
-¡P’tas que me gustaría ser poeta!
-¡Hombre! En Chile todos son poetas. Es más original que sigas siendo
cartero. Por lo menos caminas mucho y no engordas. En Chile todos
los poetas somos guatones.
Neruda retomó la manilla de la puerta, y se disponía a entrar, cuando
Mario mirando el vuelo de un pájaro invisible, dijo:
-Es que si fuera poeta podría decir lo que quiero.
-¿Y qué es lo que quieres decir?

-Bueno, ése es justamente el problema. Que como no soy poeta, no
puedo decirlo.
El vate se apretó las cejas sobre el tabique de la nariz.
-¿Mario?
-¿Don Pablo?
-Voy a despedirme y a cerrar la puerta.
-Sí, don Pablo.
-Hasta mañana.
-Hasta mañana.
Neruda detuvo la mirada sobre el resto de las cartas, y luego entreabrió
el portón. El cartero estudiaba las nubes con los brazos cruzados sobre
el pecho. Vino hasta su lado y le picoteó el hombro con un dedo. Sin
deshacer su postura, el muchacho se lo quedó mirando.
Volví a abrir, porque sospechaba que seguías aquí.
-Es que me quedé pensando.
Neruda apretó los dedos en el codo del cartero, y lo fue conduciendo
con firmeza hacia el farol donde había estacionado la bicicleta.
-¿Y para pensar te quedas sentado? Si quieres ser poeta, comienza por
pensar caminando. ¿O eres como John Wayne, que no podía caminar y
mascar chiclets al mismo tiempo? Ahora te vas a la caleta por la playa y,
mientras observas el movimiento del mar, puedes ir inventando metáforas.
-¡Deme un ejemplo!
-Mira este poema: «Aquí en la Isla, el mar, y cuánto mar. Se sale de sí
mismo a cada rato. Dice que sí, que no, que no. Dice que sí, en azul, en
espuma, en galope. Dice que no, que no. No puede estarse quieto. Me
llamo mar, repite pegando en una piedra sin lograr convencerla.
Entonces con siete lenguas verdes, de siete tigres verdes, de siete perros
verdes, de siete mares verdes, la recorre, la besa, la humedece, y se golpea
el pecho repitiendo su nombre». -Hizo una pausa satisfecho-. ¿Qué
te parece?
-Raro.
-«Raro.» ¡Qué crítico más severo que eres!
-No, don Pablo. Raro no lo es el poema. Raro es como yo me sentía
cuando usted recitaba el poema.
-Querido Mario, a ver si te desenredas un poco, porque no puedo pasar
toda la mañana disfrutando de tu charla.
-¿Cómo se lo explicara? Cuando usted decía el poema, las palabras
iban de acá pa’llá.
-¡Como el mar, pues!
-Sí, pues, se movían igual que el mar.
-Eso es el ritmo.
-Y me sentí raro, porque con tanto movimiento me marié.

-Te mareaste.
-¡Claro! Yo iba como un barco temblando en sus palabras.
Los párpados del poeta se despegaron lentamente.
-«Como un barco temblando en mis palabras.»
-¡Claro!
-¿Sabes lo que has hecho, Mario?
-¿Qué?
-Una metáfora.
-Pero no vale, porque me salió de pura casualidad, no más.
-No hay imagen que no sea casual, hijo.
Mario se llevó la mano al corazón, y quiso controlar un aleteo desaforado
que le había subido hasta la lengua y que pugnaba por estallar entre
sus dientes. Detuvo la caminata, y con un dedo impertinente manipulado
a centímetros de la nariz de su emérito cliente, dijo:
-Usted cree que todo el mundo, quiero decir todo el mundo, con el viento,
los mares, los árboles, las montañas, el fuego, los animales, las casas,
los desiertos, las lluvias...
-... ahora ya puedes decir «etcétera».
-... ¡los etcéteras! ¿Usted cree que el mundo entero es la metáfora de
algo?
Neruda abrió la boca, y su robusta barbilla pareció desprendérsele del
rostro.
-¿Es una huevada lo que le pregunté, don Pablo?
-No, hombre, no.
-Es que se le puso una cara tan rara.
-No, lo que sucede es que me quedé pensando.
Espantó de un manotazo un humo imaginario, se levantó los desfallecientes
pantalones y, punzando con el índice el pecho del joven, dijo:
-Mira, Mario. Vamos a hacer un trato. Yo ahora me voy a la cocina, me
preparo una omelette de aspirinas para meditar tu pregunta, y mañana
te doy mi opinión.
-¿En serio, don Pablo?
-Sí, hombre, sí. Hasta mañana.
Volvió a su casa y, una vez junto al portón, se recostó en su madera y
cruzó pacientemente los brazos.
-¿No se va a entrar? -le gritó Mario.
-Ah, no. Esta vez espero a que te vayas.
El cartero apartó la bicicleta del farol, hizo sonar jubiloso su campanilla,
y, con una sonrisa tan amplia que abarcaba poeta y contorno,
dijo:
-Hasta luego, don Pablo.
-Hasta luego, muchacho.


7 comentarios:

Marian dijo...

Este es quizá mi capítulo favorito. No es la primera vez que lo he usado en clase para explicar lo que es una METÁFORA:
clavdo como una lanza, quieto como torre de ajedrez, tranquilo como gato de porcelana... el poeta va pasando de esas sencillas comparaciones poéticas a hablar de metáforas con Mario. Cuando éste oye poor primera vez el término se sorprende de su complejidad. ¡ Cuánta sencillez para describir lo complejo¡¡¡¡
¡ p´tas que me gustaría ser poeta¡ porque si fuera poeta podría decir lo que quiero . ¿ qué es lo que quieres decir? como no soy poeta, no puedo decirlo.
En mi opinión la definición de poeta también es preciosa.

Espero que os vayáis pronunciando y opinéis sobre todo esto.

Sólo una cosa más: Me gustaría que aunque no pongáis vuestros nombres , eligáis un nik , como ha hecho lunes, porque si todos firmáis como anónimo no vamos a poder conversar sin hacernos un lío. Elegis un nik y os identificamos con ese nombre ficticio.

Gracias de nuevo por todo.

ocho con cinco dijo...

Me encanta esta idea de ir comentando la novela. Lo que he leído hasta ahora me ha enganchado y me ha sacado unas cuantas sonrisas.
Marian, como siempre, una idea estupenda!!!

Lunes dijo...

La idea de que el lenguaje te lleve al movimiento del mar se acerca mucho al lenguaje literario. Esta es una de las cosas que me está sugiruendo esta novela: parece casi un poema en verso. Todo tiene ritmo, sientes la sensibilidad del cartero, sufres con su timidez.... Nunca pensé que fuera tan real hacer metáforas. ( vaya palabreja por cierto, como piensa el propio Mario).

Alejandro dijo...

¿Podrías escribir el nombre de la película?
Gracias.

Alejandro dijo...

Ya lo he visto, "El cartero", claro.

Marian dijo...

El nombre de la película y del libro es EL CARTERO DE NERUDA . Mañana avanzamos en algunos capítulos, si os parece.
Feliz lectura¡

solo en la madrugada dijo...

me acabo de incorporar en una noche de insomnio y mañana me compro el libro pq lo q he leido me ha gustado mucho

 
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