BIENVENIDOS AL CLUB DE LECTURA DEL IES J.RODRIGO DE MADRID

Uno es dueño de grandes ideales y de pequeñas lecturas, y las pequeñas lecturas nos definen tanto como nuestros grandes ideales. L. G. Montero



jueves, 3 de junio de 2010

CARTA DE NERUDA DESDE PARIS

-Señoras y señores, voy a abrir la carta.
Puesto que ya se había propuesto incluir ese sobre, donde su nombre
aparecía reciamente diagramado por la tinta verde del poeta en su colección
de trofeos sobre la pared del dormitorio, lo fue rasgando con la
paciencia y la levedad de una hormiga. Con las manos temblorosas, puso
frente a sus ojos el contenido, y comenzó a silabearlo cuidando que no
se le saltara ni el más insignificante signo: -«Que-ri-do Ma-rio Ji-mé-nez
de pies a-la-dos.»
De un manotazo, la viuda le arrebató la carta y procedió a patinar
sobre las palabras sin pausa ni entonaciones:
Querido Mario Jiménez, de pies alados, recordada Beatriz González
de Jiménez, chispa e incendio de isla Negra, señora excelentísima Rosa
viuda de González, querido futuro heredero Pablo Neftalí Jiménez
González, delfín de isla Negra, eximio nadador en la tibia placenta de
tu madre, y cuando salgas al sol rey de las rocas, los volantines, y
campeón en ahuyentar gaviotas, queridos todos, queridísimos los cuatro.
No les he escrito antes como había prometido, porque no quería
mandarles sólo una tarjeta postal con las bailarinas de Degas. Sé que
ésta es la primera carta que recibes en tu vida, Mario, y por lo menos
tenía que venir dentro de un sobre; si no, no vale. Me da risa pensar
que esta carta te la tuviste que repartir tú mismo. Ya me contarás todo
lo de la isla, y me dirás a qué te dedicas ahora que la correspondencia
me llega a París. Es de esperar que no te hayan echado de correos y
telégrafos, por ausencia del poeta. ¿O acaso el presidente Allende te
ofreció algún ministerio?
Ser embajador en Francia es algo nuevo e incómodo para mí. Pero
entraña un desafío. En Chile, hemos hecho una revolución a la chilena
muy admirada y discutida. El nombre de Chile se ha engrandecido
de forma extraordinaria. ¡Hmm!
-El ¡hmm! es mío -intercaló la viuda, sumergiéndose otra vez en la
carta.
Vivo con Matilde en un dormitorio tan grande que serviría para alojar
a un guerrero con su caballo. Pero me siento muy, muy lejos de mis
días de alas azules en mi casa de isla Negra.
Los extraña y los abraza vuestro vecino y celestino, Pablo Neruda.
-Abramos el paquete -dijo doña Rosa tras cortar con el fatídico cuchillo
cocinero las cuerdas que lo ataban. Mario tomó la carta, y se puso a
revisar concienzudamente el final y luego el dorso.
-¿Eso era todo?
-¿Qué más quería, pues, yerno?
-Esa cosa con «PD» que se pone al terminar de escribir.
-No, pues, no tenía ninguna huevada con PD.
-Me parece raro que sea tan corta. Porque si uno la mira así de lejos,
como que se ve más larga.
-Lo que pasa es que la mami la leyó muy rápido -dijo Beatriz.
-Rápido o lento -dijo doña Rosa, a punto de acabar con la cuerda y el
paquete- las palabras dicen lo mismo. La velocidad es independiente de
lo que significan las cosas.
Pero Beatriz no oyó el teorema. Se había concentrado en la expresión
ausente de Mario, el cual parecía dedicarle su perplejidad al infinito.
-¿Qué te quedaste pensando?
-En que falta algo. Cuando a mí me enseñaron a escribir cartas en el
colegio, me dijeron que siempre había que poner al final PD y después
agregar alguna otra cosa que no se había dicho en la carta. Estoy seguro
de que don Pablo se olvidó de algo.
Rosa estuvo escarbando en la abundante paja que rellenaba el paquete,
hasta que terminó alzando con la ternura de una partera una
japonesísima grabadora Sony de micrófono incorporado.
-Le debe haber costado plata al poeta -dijo solemne. Se disponía a leer
una tarjeta manuscrita en tinta verde, pendiente de un elástico que circundaba
al aparato, cuando Mario se la arrebató de un manotazo.
-¡Ah, no señora! Usted lee demasiado rápido.
Puso la tarjeta algunos centímetros delante, como si la calzara sobre
un atril, y fue leyendo con su tradicional estilo silábico: «Que-ri-do
Ma-ri-o dos pun-tos a-pri-e-ta el bo-tón del me-di-o».
-Usted se demoró más en leer la tarjeta, que yo en leer la carta -simuló
un bostezo la viuda.
-Es que usted no lee las palabras, sino que se las traga, señora. Las
palabras hay que saborearlas. Uno tiene que dejar que se deshagan en
la boca.
Hizo una espiral con el dedo, y enseguida lo asestó en la tecla del
medio. Aunque la voz de Neruda fue emitida con fidelidad por la técnica
japonesa, sólo los días posteriores alertaron al cartero sobre los avances
nipones de la electrónica, pues la primera palabra del poeta lo turbó cual
un elixir: «Posdata».
-Cómo se para -gritó Mario.
Beatriz puso un dedo sobre la tecla roja.
-«Posdata» -bailó el muchacho e impregnó un beso en la mejilla de la
suegra-. Tenía razón señora. PD ¡Posdata! Yo le dije que no podía haber
una carta sin posdata. El poeta no se olvidó de mí. ¡Yo sabía que la
El cartero de Neruda
primera carta de mi vida tenía que venir con posdata! Ahora está todo
claro, suegrita. La carta y la posdata.

4 comentarios:

Marian dijo...

La ternura invade estas líneas.
Su primera carta no podía carecer de postdata. Toda carta que se precie(cuando se escribían cartas) tenían una PD debajo de la firma. A veces era, incluso, lo más importante de la carta.
Me conmueve ver cómo disfruta Mario de las palabras: hay quien lee los mensajes despacio para disfrutarlos, no quiere engullir las palabras.
Yo soy una lectora como Mario. Me gusta leer y releer las letras amigas. Me recreo, las saboreo, las disfruto. Las necesito así.

CANDELA dijo...

Marian, ahora sí que Mario puede celebrar un gran acontecimiento: se ha convertido en el receptor de las cartas. Antes era solamente un cartero que transportaba un mensaje para otro: Neruda. Sin embargo ahora, la alegría le embarga y las palabras le alimentan, más que lo material, por eso abrir el paquete es para él una tarea secundaria. Mario va creciendo como personaje en la obra, aquí ha dado un gran cambio!

Marian dijo...

Gracias Candela por estar ahí. Agradezco mucho tus palabras. ¡ Qué razón tienes¡ lejos quedó ese Mario al que le daban miedo las palabras. Ahora las hace suyas, las disfruta.
Ser el destinatario de la carta de Neruda es la recompensa por esa preciosa amistad.

Gilson Rodrigo dijo...

Hola! Muy bonita la carta. Dime, en cuál página de la obra esta localizada? Abrazo.

 
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